Texto argumentativo para niños

Ejemplo de Texto argumentativo para niños

 

 

Ante la insistencia de muchas personas que se han comunicado con nosotros, hemos preparado un texto argumentativo, con las características propias de este tipo de textos, adaptado a un nivel infantil para que los niños puedan captar sencillamente el concepto de la argumentación.

Es un texto sencillo y corto, escrito con un lenguaje de registro estándar y empleando una sintaxis y un léxico sencillo.

 

 

Ejemplo de texto argumentativo para niños

 

NO HAY QUE CHILLAR

 

El Grito Del Fantasma

 

No es bueno gritar o chillar. A veces a todos se nos escapa hacerlo, pero no es una buena costumbre.Cuando gritas haces un gran esfuerzo con tu voz.Puedes lastimarte la garganta.Además gritar es una cosa que molesta a los demás.A las otras personas les puede resultar molesto que estemos gritando continuamente.
Hay que evitar expresarse continuamente  chillando y gritando.A lo mejor creemos a veces que si gritamos los otros nos van a prestar más atención.Pero puede suceder todo lo contrario.Nuestros gritos pueden provocar que la persona se sienta incómoda y prefiera alejarse de nosotros.Además, imagínate qué ocurriría si todos nos dedicásemos a gritar continuamente…
¿Qué pasaría si todos habláramos siempre a voces?Sería un gran lío. No conseguiríamos entendernos.Nadie escucharía a nadie.Imagínate a todo el undo chillando en la consulta del doctor, en un hospital en la escuela…
Definitivamente, gritar no es nunca una buena elección.Creo que si lo pensamos bien todos llegaremos a estar de acuerdo en que sería mucho mejor evitar hacerlo

 

Ejemplo de texto argumentativo

Ejemplo de texto argumentativo

Entre los ejemplos de texto argumentativos podríamos considerar este texto que habla sobre el aborto, no desde un punto de vista médico sino ético.
Permite hacer un buen ejercicio de análisis con este tipo de textos.

Non Sequitur

La Iglesia ante el aborto

La Iglesia cristiana, en sus comienzos, se caracterizó por una clara afirmación del valor de la vida no-nacida, en un mundo en que el aborto era una práctica frecuente. Uno de los primeros pensadores cristianos que se opuso al aborto fue Atenágoras (s. II). En su conocida Apología o Defensa de los cristianos respondía a la acusación existente entre los paganos de que aquellos sacrificaban un niño en sus celebraciones eucar??sticas. Atenágoras arguye contra de esa acusación que cómo iban a sacrificar un niño inocente aquellos que consideraban sagrada la vida aun antes del nacimiento.

Esta defensa de la vida no-nacida, afirmada por Atenágoras, era coherente con una actitud global que consideraba inaceptable el recurso a la violencia contra todo ser humano. La Iglesia preconstantiniana no sólo condenaba el aborto, sino que tenía actitudes muy críticas sobre la pena de muerte, la participación en el ejército y la misma defensa propia. Las afirmaciones de Jesús sobre la dignidad de todo ser humano, sobre el amor al enemigo y de no responder a la violencia con la misma violencia, de que no se vence el mal con el mal, sino con el bien… tuvieron un eco muy importante en las actitudes eclesiales ante la violencia física y el respeto debido a todo ser humano.

Hoy existe una creciente conciencia en amplios sectores de la Iglesia de que se hace necesaria una actitud general de coherencia en el respeto a toda vida humana. Desde nuestro punto de vista, la actitud de respeto a la vida no-nacida debe extenderse a otros problemas en que la vida humana está cuestionada. Uno de ellos es el de la pena de muerte; la condición de «no-inocente» del delincuente no le priva de su intrínseca dignidad humana. El don de la vida no debe ser relativizado por el hecho de que se trate de una persona culpable.

En esa búsqueda general de coherencia es extraordinariamente importante crear cauces de ayuda a las mujeres que viven su embarazo con dificultad. La institución eclesial, como otros movimientos que defienden la vida no-nacida, no pueden limitarse a declaraciones de principio y acciones legales. Tienen, además, el cometido de organizar sistemas de ayuda para poder evitar el aborto. Existen indiscutiblemente algunas realizaciones, pero habría que desarrollarlas y potenciarlas mucho más. Por otra parte, no se pueden eludir las responsabilidades sociales: detrás del problema del aborto hay injustas discriminaciones de la mujer -especialmente de la madre soltera- y situaciones de pobreza y de marginación que llevan a la mujer al aborto. Además hay que añadir que no sólo se aborta cuando se impide el nacimiento de un niño; también hay que hablar de otra forma de aborto: cuando el proceso de personalización de un ser ya nacido tropieza con dramáticas dificultades en su desarrollo, como consecuencia de la pobreza y del subdesarrollo.

El que afirma el valor de la vida no nacida, pero que posee ya un «destino humano» debe ser muy sensible también al valor de otras vidas ya nacidas y cuyo destino humano está también amenazado. Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nobel de la Paz, 1980) decía: «Quien justifica el aborto, justifica la pena de muerte, y yo estoy contra la pena de muerte y contra el aborto. Ser progresista significa defender la vida y nada más». Esta es también mi postura personal, insistiendo en que «defender la vida y nada más» significa una profunda remodelación y cuestionamiento de nuestras opciones y convicciones éticas.

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